Ad Finem Omnia en nuestro Tredecim Versus.
Tredecim Vesus nos trae cada semana (o casi) un nuevo invitado que se somete a las 13 preguntas de rigor, formuladas por la escritora y poetisa, Leonor Dinamarca. Hoy, quien contesta es Pablo Vera, fundador de Ad Finem Omnia.
- Senectus Viae “la vejez del camino” o “el camino envejecido” parece sugerir desde su propio título una existencia marcada por el desgaste y el tránsito hacia un final. ¿Qué representa este concepto dentro del universo de Ad Finem Omnia y cómo dialoga con las distintas canciones del álbum?
Pablo Vera: Como bien comentas, el título apunta a un desgaste inevitable que vas acumulando mientras avanza. Habla del camino que envejece contigo, que desgasta lo personal y lo que rodea. El cuerpo se agota, además de la mente y las emociones que van erosionando todo, mientras intentas mantenerte en medio de reglas, expectativas y una cantidad absurda de incertidumbres.
Cada canción conversa con esa idea desde diversos ángulos. Son fragmentos de trayectos que padecemos: descontentos, revelaciones, mientras avanzas.
En el fondo, el álbum es una forma de mirar ese viaje con honestidad, aceptando que el camino también se cansa, y que uno se va cansando con él.
- En “Where Existence Fails” aparece una afirmación radical: “Mi conciencia ve el universo como un error / el cosmos, una máquina torpe de leyes moribundas / que pretende imponer significado sobre aquello que nunca tuvo ninguno”. ¿Desde dónde surge esta concepción del universo como accidente y como posible respuesta coherente a la existencia?
PB: Esa idea nace porque nunca he visto el cosmos como una estructura ordenada ni como algo que ofrezca certezas. En Where Existence Fails lo miro como un accidente inmenso, regido por reglas que parecen desordenadas y que no sostienen ningún sentido real. Es un espacio que existe sin propósito, donde cada intento de encontrar coherencia termina chocando con la misma indiferencia del universo.
En esa canción también aparece mi propia postura frente a las reglas impuestas. Si el cosmos es torpe y carece de dirección, entonces las leyes que supuestamente lo ordenan tampoco ofrecen respuestas. Por eso la letra se rebela contra ellas: porque no entregan certezas y porque, según mi forma de ver las cosas, el único camino hacia una verdad posible es avanzar bajo tus propias leyes, no bajo las que otros intentan imponer.
Desde ahí surge esa visión del universo como accidente: un fondo inmenso de incertidumbre que acompaña el desgaste, pero que también te obliga a construir tu propio sentido para poder seguir.
- ¿Qué diferencia existe, para ti, entre afirmar que la existencia carece de sentido y afirmar que el ser humano tiene la libertad de construir su propio sentido?
PB: Puede sonar contradictorio, pero para mí es simple distinguir ambas cosas. Cuando digo que la existencia carece de sentido, me refiero a ese vacío inicial: a que nada viene con un propósito incorporado, y que las reglas que se nos imponen tampoco entregan certezas reales. Son estructuras que la mayoría acepta sin cuestionarlas, como si fueran verdades definitivas.
Pero al mismo tiempo, el ser humano tiene la libertad de construir su propio sentido. Esa posibilidad siempre está ahí. El problema es que no todos se atreven a ejercerla. Muchos prefieren someterse a lo establecido, seguir parámetros que no eligieron, sin preguntarse si realmente les hablan o si solo los mantienen en un lugar cómodo.
Para mí, la diferencia está en eso: la existencia no trae sentido, pero uno puede crearlo. La pregunta es si realmente lo hacemos, si lo cuestionamos, o si simplemente seguimos caminando bajo leyes ajenas sin detenernos a pensar.
- En “Inner Decay” aparece una imagen particularmente poderosa: “Un alma en guerra, atrapada en su propia red / luchando con la oscuridad, busca corromper”. ¿Qué representa esa guerra interior? ¿Estamos frente a demonios simbólicos, conflictos psicológicos o fuerzas que pertenecen a una dimensión más profunda de la existencia?
PB: Es bastante simple. Inner Decay es, quizás, la letra más concreta del álbum: habla de las relaciones humanas y de los conflictos psicológicos que nacen de ellas. Esa “alma en guerra” es la parte de uno que observa actitudes, contradicciones y dependencias que muchas veces se sostienen solo por conveniencia. Es un estado donde uno ve lo peor de la humanidad reflejado en gestos cotidianos, en silencios, en decisiones que no se cuestionan.
La imagen de estar atrapado en su propia red tiene que ver con eso: con una alma contenida, que reconoce esa oscuridad y que incluso podría corromper, pero que no logra salir del encierro que esas mismas dinámicas crean. La lucha y la corrupción no son demonios externos; son fuerzas psicológicas, actitudes que se vuelven casi simbólicas por lo dañinas que pueden ser. Son aspectos que, en mi visión, a veces no merecen pertenecer ni formar parte de lo que uno intenta construir como verdad.
- La decadencia interior también parece extenderse hacia las relaciones humanas. La letra habla de vínculos convertidos en “cadenas marchitas”. ¿Qué visión tienes de las relaciones humanas contemporáneas y de aquello que termina destruyendo los vínculos entre las personas? ¿Por qué crees que la decadencia interior puede resultar más aterradora que cualquier amenaza exterior?
PB: Las relaciones humanas contemporáneas se han vuelto cada vez más estériles. Hoy se observa una interacción basada en apariencias, en la necesidad de agradar, en la búsqueda desesperada de reconocimientos vacíos. Muchos se sienten superiores, pero al mismo tiempo carecen de la valentía para caminar solos. Ese contraste genera vínculos que no son más que cadenas marchitas, relaciones sostenidas por conveniencia, dependencia y miedo, no por honestidad.
La decadencia interior nace ahí; en la contradicción constante, en el odio solapado, en la incapacidad de enfrentar la propia verdad. Es un desgaste que se acumula como anticuerpos que se erosionan con el tiempo, destruyendo desde dentro. Lo exterior, la decadencia del entorno, de la naturaleza, de lo social, es solo una consecuencia de esa corrosión interna. Cuando el ser humano se vacía, todo lo que toca también se vacía.
Por eso la decadencia interior es más aterradora que cualquier amenaza exterior. Lo externo puede destruirte físicamente, pero lo interno te destruye en silencio, sin testigos, sin resistencia. Es un proceso que te consume desde la raíz, que te quita claridad, propósito y fuerza. La amenaza exterior puede ser enfrentada; la interior, cuando se instala, se vuelve parte de uno mismo. Y es ahí donde los vínculos se rompen: cuando cada persona carga con su propia erosión, incapaz de sostener algo que no sea superficial.
- En “The Leaf That Refused The Light”, la imagen de la hoja caída parece condensar una reflexión sobre el desgaste, el tiempo y la mortalidad. En lo personal los árboles y la naturaleza son parte de los temas que abordo en mis trabajos por ello me interesa saber ¿Qué simboliza esa hoja dentro del álbum?
PB: La hoja en The Leaf That Refused The Light funciona como un símbolo central dentro del álbum. No es solo una imagen natural: es una declaración de ruptura. Esa hoja representa al individuo que decide desprenderse de una luz que no ilumina, una luz que en vez de fortalecer, debilita. En mi visión, esa luz celestial o cristiana es una forma de dependencia, una promesa de consuelo que prolonga la agonía y genera una sensación pseudoplacentera de protección. La hoja que cae es la que rechaza ese amparo artificial.
Prefiere desprenderse, caer y erosionarse antes que sostenerse en algo que no es real. Esa caída no es derrota, es un acto de lucidez. Es la aceptación de que la única certeza está en la oscuridad, en el desgaste, en el final. La hoja cae porque entiende que aferrarse a esa luz solo alarga la agonía y posterga la verdad. Al caer, se entrega al tiempo, al silencio y a los últimos días donde ya no hay máscaras ni ilusiones.
Dentro del álbum, esa hoja simboliza la decisión de abandonar todo aquello que promete salvación pero solo entrega debilidad. Es la renuncia a la mentira luminosa y la búsqueda de una certeza más cruda: la oscuridad como destino inevitable. La caída es un gesto de honestidad, un rechazo a la prolongación artificial de la vida emocional. Es preferible caer con dignidad que sostenerse en una luz que no pertenece al individuo y que solo intenta moldearlo y someterlo.
Por eso la hoja es tan importante. Es el ser que elige la verdad del desgaste por sobre la ilusión del resplandor. Es la aceptación de que la oscuridad, lo único certero, no destruye, sino que revela.
- La canción habla de heridas profundas, del desgaste de la vida y de “cicatrices de esperanza”. ¿Qué significa para ti esa expresión? ¿Puede incluso la esperanza convertirse en una cicatriz? Hacia el final de la canción aparece una imagen que parece introducir una pequeña ruptura dentro de la desesperanza: “en medio de ninguna parte / un brote verde permanece / como un último aliento”. ¿Ese brote representa una posibilidad de supervivencia o simplemente una última resistencia antes de la desaparición?
PB: La expresión “cicatrices de esperanza” nace desde las heridas que cargamos como individuos y como humanidad. No me interesa que se interprete de manera rígida; prefiero que cada oyente la lea desde su propia experiencia. En mi caso, esas cicatrices representan los golpes que te obligan a mirar la oscuridad de frente. Cada caída, cada entrega a ese desgaste interior, termina generando una especie de inmunidad: una resistencia que ya no depende de ilusiones ni de promesas externas. La esperanza, cuando se fractura, también deja marcas, y esas marcas son las que te permiten soportar la erosión mental y física sin quebrarte del todo.
La imagen del brote verde en medio de la nada no es un símbolo de salvación ni un renacer luminoso. Es más bien una pausa, un estado de calma tensa dentro del deterioro. Es la posibilidad de ver una luz mínima, pero sin la carga de la esperanza tradicional. No es una promesa de supervivencia, sino un último gesto de resistencia antes de desaparecer. Un instante donde algo persiste, no para cambiar el destino, sino para recordarte que incluso en la desolación absoluta puede existir un pequeño punto de equilibrio.
Ese brote no contradice la desesperanza; la complementa. Es la última respiración antes de aceptar lo inevitable.

- “The Hermit and the Wind” presenta un cambio de escenario: alejamiento del ruido, refugio en la soledad, naturaleza y contemplación. ¿Qué encuentras en la soledad que no encuentras dentro de la sociedad? Y bueno, es necesario señalar que en esta canción afirmas: “En este Edén de soledad / la naturaleza es mi deidad”. ¿Se trata de una espiritualidad alternativa o de una negación de la necesidad de cualquier divinidad?
PB: La soledad es el único lugar donde encuentro una calma que la sociedad no puede entregar. En ese aislamiento aparece una claridad que no depende de nadie más: la naturaleza te habla sin dobleces, sin conveniencias, sin máscaras. La humanidad, en cambio, tergiversa, engaña, cambia según sus intereses. La naturaleza no. Ella te entrega certezas, te muestra el desgaste real, te avisa cuándo todo empieza a apagarse, pero lo hace con una serenidad que la sociedad nunca ofrece. En ese silencio, entre lo verde, existe un refugio que no depende de vínculos humanos ni de estructuras externas.
Cuando en la canción digo “En este Edén de soledad / la naturaleza es mi deidad”, no estoy hablando de una espiritualidad alternativa. Es una negación total de cualquier divinidad. No hay necesidad de figuras superiores ni de doctrinas. Es más bien un reino propio, una forma de religiosidad solipsista donde la única fuerza que merece respeto es la naturaleza misma: no porque sea sagrada, sino porque es honesta. No promete salvación, no exige fe, no manipula. Solo existe, y en esa existencia entrega respuestas más certeras que cualquier construcción humana.
La soledad, entonces, no es un escape: es el único espacio donde la realidad se muestra sin distorsiones. Es ahí donde la naturaleza se convierte en la única presencia que vale la pena contemplar.
- “Abolish God” probablemente sea uno de los títulos más provocativos del álbum. ¿Qué significa exactamente para ti “abolir a Dios”? ¿Es una declaración contra la religión institucional, contra la idea metafísica de Dios o contra cualquier autoridad que pretenda imponer un sentido trascendente al individuo?
(En esta pregunta Pablo solicitó la respuesta de Ricardo Araya ex‑integrante de Ad Finem Omnia y autor de la letra, quien entregue la visión central detrás de “Abolish God”.)
Ricardo: “Abolish God trata sobre desechar el concepto de Dios, cualquier deidad, para dar paso a la razón como motor de la sociedad. También habla del impulso rebelde que ha permitido la liberación de distintas opresiones a lo largo de la historia. En el mito de Adán, Eva y el árbol del fruto prohibido se resume cómo un tirano divino impuso reglas arbitrarias a la humanidad, hasta que esta decidió romper esas normativas para comer del fruto del conocimiento y adquirir las herramientas necesarias para su emancipación. Ese acto de rebeldía y autonomía es algo que quisiera destacar, para invitar a cuestionar toda jerarquía y sistema opresivo, tanto a lo largo de la historia como en nuestra actualidad.”
- La letra relaciona la rebelión con el conocimiento y la emancipación: “La chispa de la desobediencia / propaga la libertad como un incendio / la rebelión es el camino hacia la autoliberación”. ¿Qué relación existe entre desobediencia, conocimiento y libertad dentro de tu pensamiento?
PB: Desde esa perspectiva, la relación entre desobediencia, conocimiento y libertad es directa: la desobediencia es el primer gesto que rompe la estructura impuesta; el conocimiento es la herramienta que permite comprender esa ruptura; y la libertad es la consecuencia de ambos. La desobediencia no es caos, sino la chispa que abre el camino hacia la autonomía. El conocimiento es lo que sostiene esa chispa y evita que la liberación sea solo un impulso momentáneo. Y la libertad es el estado donde el individuo deja de depender de cualquier autoridad que pretenda imponer un sentido trascendente o una verdad absoluta.
- “Anguish and Revelation” parece llevar el pensamiento del álbum hacia una dimensión existencial mucho más íntima. Allí afirmas: “La muerte es mi única certeza / nadie puede morir por mí / y no puedo escapar de ella”. ¿Qué ocurre con el individuo cuando deja de contemplar la muerte como una abstracción y comprende que se trata de una experiencia absolutamente personal? Por otra parte, qué piensas tú ¿La conciencia de la propia muerte genera libertad o, por el contrario, constituye la forma más profunda de angustia?
PB: Cuando el individuo deja de ver la muerte como una abstracción y comprende que es una experiencia absolutamente personal, ocurre una ruptura interna. Al principio aparece la angustia, porque la mente se enfrenta a una verdad que no puede delegarse ni compartir. Pero esa misma angustia revela algo esencial: la muerte es la única certeza que tenemos. A diferencia de la vida, que está llena de parámetros, reglas, expectativas y claves que no comparto y que generan aún más incertidumbre, la muerte no engaña. No cambia según conveniencias. No depende de nadie.
Esa comprensión elimina la necesidad de sostenerse en estructuras externas. La conciencia de la propia muerte, lejos de ser solo un peso, puede convertirse en una forma de libertad. Te entrega una claridad mental que permite hacer lo que realmente quieres, sin tener que seguir reglas impuestas por otros, sin la presión de cumplir con sentidos trascendentes que no te pertenecen. La muerte, al ser inevitable y personal, libera al individuo de la obligación de vivir según modelos ajenos.
La angustia es el primer impacto, pero la revelación es lo que permanece: saber que todo termina te permite decidir cómo vivir sin someterte a normas que solo aumentan la incertidumbre. En ese sentido, la muerte no solo es la certeza final, sino también la herramienta que desarma las ilusiones y abre espacio para una libertad más cruda y más honesta.
- En varias canciones aparece la idea de liberarse de cadenas, romper el velo, abandonar estructuras y enfrentarse al abismo. ¿Podría entenderse Senectus Viae como un recorrido de destrucción de certezas? El álbum parece moverse desde la decadencia interior hacia una forma de revelación. ¿Hay, pese a todo el nihilismo presente en las letras, una posibilidad de transformación?
PB: Senectus Viae puede entenderse como un recorrido de destrucción de certezas. A lo largo del álbum aparece la necesidad de romper velos, abandonar estructuras y enfrentarse al abismo sin depender de ningún sostén externo. Pero más allá de esa demolición, la idea central es que la verdadera liberación surge cuando el individuo acepta la soledad como su espacio natural y reduce al mínimo las reglas que lo atan. Es en ese estado donde se deshacen las ataduras que la sociedad, la religión y las expectativas humanas imponen.
La posibilidad de transformación existe, pero no es una transformación luminosa ni esperanzadora. Está directamente ligada a la muerte y a la destrucción de todo lo establecido. Solo cuando se derriban las ideas vagas que la humanidad ha construido sobre sentido, valor, trascendencia o propósito aparece un cambio real. La transformación no es un renacer, sino una claridad que surge al aceptar que el universo y la humanidad no tienen un valor intrínseco más allá del que uno decide otorgarles.
En ese sentido, el álbum se mueve desde la decadencia interior hacia una revelación que no promete salvación, sino lucidez. La destrucción de certezas no es un final, es el único camino hacia una forma de libertad que no depende de nada externo y que se sostiene en la aceptación del desgaste, de la muerte y del silencio como verdades fundamentales.
- Todas las composiciones, arreglos y letras del proyecto con la excepción de “Abolish God”, acreditada a Ricardo Araya están a cargo de Pablo Vera. ¿Cómo influye el carácter unipersonal de Ad Finem Omnia en la construcción de este universo lírico y conceptual? Para concluir, si Senectus Viae fuera un viaje que comienza con la pérdida del sentido y termina frente a la muerte, ¿qué debería encontrar el oyente al llegar al final del camino: desesperación, libertad, conocimiento, revelación o simplemente el silencio?
PB: El carácter unipersonal de Ad Finem Omnia hace que el universo lírico y conceptual del proyecto se mantenga coherente y fluido. Cada composición, cada arreglo y cada letra se relacionan entre sí porque nacen desde una misma visión, desde un mismo desgaste y desde una misma forma de interpretar la existencia. Eso permite que el álbum tenga un trasfondo común, una continuidad emocional que atraviesa todas las canciones y que se conecta con lo que he mencionado en las respuestas anteriores. No hay contradicciones internas porque todo proviene del mismo lugar, del mismo proceso de introspección y deterioro.
Si Senectus Viae fuera un viaje que comienza con la pérdida del sentido y termina frente a la muerte, lo que el oyente debería encontrar al final depende completamente de dónde se encuentre él mismo. Algunos pueden sentir un silencio reflexivo, otros pueden experimentar angustia y luego una revelación ante este acto declarativo. Para algunos será libertad, para otros conocimientos. Todo depende del pasaje de vida que atraviesen y del estado mental en el que estén. No busco entregar una respuesta unilateral ni imponer una interpretación. Lo que quiero es que el álbum sea recibido según las vivencias, emociones y desgastes de cada persona, que cada oyente encuentre su propio final del camino.
La muerte es la única certeza en el camino envejecido y desgastado, el punto donde todo silencio se vuelve verdad.




