«The Occult Forces» tiene por título el trabajo 2026 de una de las leyendas aún vivas del Death Metal Chileno, nos referimos a Atomic Aggressor, y a continuación podrán leer la reseña hecha por nuestra webzine.
Hay nombres que uno lleva grabados desde los años del liceo. No en el cuaderno ni en alguna agenda — grabados en la memoria de otra manera, del tipo que solo producen ciertas noches: una tocata en el A-39 de Quilpué, entrada barata, gente apretada hasta los rincones, el olor a cerveza y cuero y la certeza colectiva de que lo que estaba pasando en ese escenario era real de una manera que el colegio y la tele y el resto del mundo no eran. Atomic Aggressor era uno de esos nombres. Para los que estuvimos ahí, para los que los vimos en esos años, era un icono antes de que la palabra icono sonara tan gastada como suena hoy. Era simplemente la banda que estaba haciendo lo que había que hacer, en el lugar correcto, sin pedir permiso a nadie.
Atomic Aggressor nació en Santiago en 1985 — ese año en que el death metal todavía no tenía nombre definitivo y circulaba en cassettes copiados de mano en mano entre adolescentes que encontraban en ese ruido algo que el mundo no les ofrecía de otra manera. Junto a Pentagram Chile son de las bandas que pusieron las piedras fundamentales de la escena extrema nacional, y el «Bloody Ceremonial» de 1989 y el «Resurrection» de 1991 son documentos que cualquier arqueólogo del metal chileno debería tener. Los fundadores Alejandro Díaz en voz y bajo y Enrique Zúñiga en guitarra son la columna vertebral de todo esto — los que estuvieron desde el principio, los que sobrevivieron la disolución que llegó antes de que existiera un álbum completo, y los que en 2007 volvieron a encender el fuego como si nunca lo hubieran apagado del todo.
Desde esa reformación vinieron el split con Death Yell en 2013, el debut «Sights of Suffering» en 2014 — que llegó con el peso de todo lo que se le había negado durante décadas — y el EP «Invoking the Primal Chaos» en 2019. Y ahora, en 2026, llega «The Occult Forces» bajo Hells Headbangers Records — la misma casa que acoge a lo más oscuro del catálogo underground internacional —, en todas las formas físicas que el metal considera sagradas: CD, vinilo negro, vinilo rojo transparente con remolinos naranjos, y una edición exclusiva chilena de 100 copias en vinilo rojo vía Eat My Records. Para los que los conocemos desde las tocatas de lycra rasgada y amplificadores prestados, verlos en Hells Headbangers tiene algo de justicia poética que tarda cuarenta años en llegar pero que llega.
La portada la firmó A. Lardemil — una figura en meditación con la cabeza abierta hacia una masa de cráneos y tentáculos, velas a ambos lados, todo en rojo sangre — y es exactamente el tipo de arte que en los noventa distinguía los discos que valían la pena de los que no. Quien encarga esa portada sabe perfectamente qué tiene adentro.
El sonido de «The Occult Forces» es lo que esperábamos y al mismo tiempo lo que necesitábamos confirmar: que el tiempo no los dobló, que los cuarenta años de historia no los convirtieron en nostálgicos de sí mismos ni en banda que se cita a sí misma como si fueran museo. Esto es death metal con una capa negra que lo tiñe de oscuridad real, referencias que la crítica internacional coloca junto a Mortem, Morbid Angel, Possessed y Sadistic Intent — y que para los lectores de Discordancia no necesitan más explicación que esa.
«Souls Degradation» abre desde el silencio con un rugido que antecede al primer riff como siempre lo hicieron en vivo — ese segundo antes de que todo caiga encima — y en menos de cinco minutos establece que no hay aquí ningún intento de sonar moderno ni de suavizar nada. El bajo de Díaz existe en la mezcla con su propio peso, audible y con propósito, lo que en el death metal underground es un logro que bandas con el doble de presupuesto raramente consiguen. «Forms From The Occult» y «Evil From Beneath» empujan sin pausa, los riffs de Zúñiga construidos con la lógica de alguien que lleva cuatro décadas sabiendo exactamente qué nota hace falta y cuál sobra. Los solos que aparecen a lo largo del disco son breves y febriles — de los que no buscan impresionar sino cortar, exactamente como los que uno recuerda de esas noches de tocata en las que el guitarrista tiraba el pelo hacia atrás y el público adelante respondía sin que nadie se lo pidiera.
«The Chalice Of Despair» es el más oscuro del conjunto inicial, el que más claramente muestra la influencia Black Metal que siempre estuvo en el ADN de la banda. «Dwellers Of The Unknown» construye de menor a mayor, esa sensación de algo que emerge desde abajo hasta que ya no cabe más adentro — el título exacto para esa arquitectura. «Divided To Conceived» es el track que más se permite oscilar, el que más respira antes de cerrarse, y «As I Descend» es el más largo del disco: cinco minutos y medio de descenso sostenido que el título promete y la música cumple sin apuro.
«Tormenting Voices» cierra el álbum como cerraban las tocatas de antes: acumulando, apretando, llegando al punto de mayor intensidad cuando uno ya creía que no podía subir más. El disco termina en su momento más pesado, las voces tormentosas que el título nombra llegando exactamente cuando ya no queda nada que preparar.
«The Occult Forces» no inventa nada y tampoco necesita hacerlo. Lo que Atomic Aggressor construyó en treinta y nueve minutos es una prueba de que el fuego que encendieron en 1985 — el mismo que calentó esas noches de tocata barata y gente apretada y camaradería que solo el metal under produce de esa manera — sigue ardiendo con la misma temperatura. Para los que los conocimos entonces, este disco llega como llegan las mejores noticias: confirmando lo que ya sabíamos, pero con la satisfacción de escucharlo de nuevo en plena forma. Para los que los descubren ahora, tienen cuarenta años de historia acumulada para ponerse al día. Todos ganan.
«The Occult Forces» está compuesto por:
- Souls Degradation (4:37)
- Forms From The Occult (5:29)
- The Chalice Of Despair (4:14)
- Evil From Beneath (4:25)
- Dwellers Of The Unknown (4:57)
- Divided To Conceived (4:47)
- As I Descend (5:38)
- Tormenting Voices (5:12)
Tiempo total: 39:21
Formación: Alejandro Díaz (voz, bajo) — Enrique Zúñiga (guitarra) + formación completa activa
Sello: Hells Headbangers Records (HELLS 403)
Edición chilena: Eat My Records (100 copias, vinilo rojo exclusivo)
Origen: Santiago, Chile
Año: 2026
Lanzamiento: 28 de agosto de 2026
Género: Death Metal
Bandcamp: https://atomicaggressor.bandcamp.com
Facebook: https://www.facebook.com/atomicaggressor




