Hace algunos días, luego del Miss Chile, solo se ha reconfirmado algo que muchas veces no se ve a simple vista. La escena metalera ha cambiado.
Llevo más de una semana topándome en redes sociales con la insistente cobertura de una noticia en especial por parte de una infinidad de medios que nunca hablarían de un certamen de belleza. El algoritmo de mis redes sociales, tanto las personales como las de Discordancia colapsaron con la noticia al parecer. Porque resulta que ahora tenemos una Miss Chile, y digo "tenemos" porque, si bien todos los años aparece una nueva ganadora del certamen, esta es la primera vez que la ganadora es abiertamente conocida por ser metalera, y no solo metalera, sino que relativamente conocida por su banda en la cual es la frontwoman.
La banda en sí no es una que haya captado especialmente mi atención. No es mala, pero a la fecha no hay mucho de qué agarrarse al ser un proyecto relativamente nuevo y anunciando recién para enero de 2026 el lanzamiento de su disco debut. Si bien han tenido la oportunidad de presentarse y telonear a algunas bandas de renombre, que es bastante más de lo que muchas bandas han hecho en toda su carrera, al momento de escribir estas líneas, su discografía se limita a seis singles salidos desde 2020 hasta la fecha. Al menos eso me dice Spotify. Habrá que esperar qué dice la banda con su primer disco y cuanta repercusión crea.
Y vuelvo a decir que la banda no es mala. Mientras escribo suena en mis audífonos "Dark Flames", lo más reciente que lanzaron con data en septiembre de este año, y antes de eso sonaba "The Hollow Descent", lanzado dos meses antes. Lo que me encuentro es una banda con un sonido sólido, para nada amateur. Cuerdas y batería se conjugan de una manera coherente en lo que es el Metal Progresivo, con líneas melódicas bien trabajadas y percusión bien ejecutada. Acá lo que me encuentro es un grupo de músicos que se tomaron su trabajo seriamente.
Pero el tema central de este texto no es la música de Decessus ni la corta vida de esta banda, sino que quién es la cara visible. Aquí es donde me refiero a Ignacia Fernández, que sale de lo que, para muchos metaleros, sobre todo para los más puristas, pudiese considerar algo normal, porque si hay algo en lo que en el tiempo ha habido algo de aversión por muchos metaleros es mostrarse en televisión abierta.
Me es imposible no mirar hacia atrás y comenzar a comparar década por década cómo se va moviendo la brújula de lo que es normal, tolerable o simplemente una impensable abominación. Cada generación mueve un poco más esa aguja. Año tras año, lo que era criticable se vuelve algo aceptable para luego ser algo tan normal como respirar. Y claro, también están los recalcitrantes detractores.
Si he de comenzar a hacer remembranza, debo iniciar en los años 80s, en una época en que la censura y el oscurantismo cultural se vivían en pleno régimen militar, donde la dictadura y el conservadurismo eran lo que regía el día a día y donde había líneas que era un tanto arriesgado cruzar.
En 1988, el acceso a bandas metaleras era, por lo menos, dificultoso. No eran muchas las bandas de Rock Pesado o directamente de Metal a las que se tenía acceso, por lo que, si algo aparecía, solo podía ser porque algún amigo compró o consiguió algún disco/cassette o desde alguno de los casi inexistentes programas radiales, como lo fue "Música a otro nivel" de Radio Tiempo, o quizá en televisión en programas como "Extra jóvenes", "Más música" o "Magnetoscopio Musical". Es más, en Extra jóvenes es donde conocí a Tumulto y Massakre en un instante en que Yanko Tolic y compañía hacían un cover de Los Jaivas. En ocasiones, en ese programa de Canal 11, aparecían algunas bandas que no encajaban mucho con la música pop a la que nos tenía acostumbrados la tele; aunque hay que aclarar que, poco a poco, el Rock estaba comenzando a ganar espacio en los medios de comunicación.
Creo que la chispa que inició la curiosidad por el Rock Pesado en Chile vino del Festival de Viña, específicamente en 1985. En esa ocasión, lejos de mantener lo que parecía una regla implícita de llenar la parrilla de cada día con baladistas o con los grupos del momento, alguien rompió el molde e incluyó a dos bandas que, a estas alturas, son leyendas del Rock. Nazareth y Krokus aparecían en escena, siendo esta última la banda más pesada que jamás había pisado la Quinta Vergara antes. Esa noche, algo cambió y quedaba una rendija abierta para nuevas propuestas.
Pero vuelvo a 1988, y luego de esta pequeña divagación y armando el preámbulo para hablar de la Miss Chile, llegamos a donde quería llegar: exactamente al día 28 de mayo, o “el día en que los metaleros comenzaron a odiar al ' cabeza' de chancho". Ese día, en un programa de Canal 13 llamado Sábados Gigantes, se presentó una de las bandas precursoras del Thrash Metal en Chile: Necrosis.
Es difícil detallar lo ocurrido en ese segmento, por lo que los remito al video que se encuentra publicado en YouTube.
“Como peces fuera del agua”, “como chancho en misa” o como se le quiera decir a estar donde no se calza, donde el contexto o la situación no tiene nada que ver contigo. Así estaba Necrosis. Nota aparte, esa banda podría haber sido Pentagram. Ahí los refiero al libro sobre la banda.
Estamos hablando de casi 40 años atrás, antes de que Faith No More llegara al festival de Viña solo por ser la banda más barata que pisó el Rock in Rio en 1991 o de la primera presentación de Kreator en Chile en 1992 o la suspensión del primer concierto de Iron Maiden ese mismo año.
Pero algo quedó luego de esa escena tan surreal de Necrosis. Muchos quedaron pensando que metaleros y la tele no se llevan. Así como no se llevaban los taquilleros y los metaleros. Es decir, que la tele es taquillera y los metaleros odiaban la tele. Eran otros tiempos, estábamos en dictadura y todo era muy rígido. El Metal, a pesar de ir creciendo en adeptos, se fue volviendo más underground.
Llega la democracia y todo se fue suavizando un poco, aunque a paso dispar, ya que otros se fueron radicalizando y el Metal no fue la excepción. A medida que iban apareciendo nuevas camadas de metaleros, en parte por los nuevos espacios que fueron surgiendo en medios de comunicación, la concepción de lo que significaba serlo era demasiado distinta.
Para muchos, ser metalero era ser underground, estar en contra de la sociedad y la religión, quemar iglesias y sacrificar gatos en rituales. Esos mismos rasgaron vestiduras cuando escucharon el "Attack of the Killer Bs" de Anthrax, salido a principios de los 90s, en donde tocaban un cover de los raperos Public Enemy. Para ellos, TODO era poser o vendido. Ozzy era poser, Kiss eran vendidos, Metallica desde el disco negro era poser, y así con lo que iba apareciendo y no les calzaba en la cabeza. Y ni hablar de finales de los 90s, cuando el Industrial y el Nu Metal comenzaron a masificarse. Si escuchabas Slipknot, eras poser; Korn: poser; Deftones: poser; Limp Bizkit: poser y popero. Y si te gustaba Marilyn Manson, ya terminabas siendo calificado de gótico, gay y travesti. La Inquisición musical en el diario vivir.
Luego del anterior párrafo, saco en conclusión que era bastante difícil ser metalero open mind.
Iniciado el nuevo milenio, ya con internet instalada como un medio de comunicación más, el Metal en todas sus variantes estaba plenamente instalado en Chile y ahí estaba yo, desde Discordancia Webzine, mirando desde una locación muy cercana cómo iba mutando todo. A esas alturas, el episodio de Necrosis era una historia que se relataba a las generaciones más jóvenes casi como un mito urbano, algo tan extraño que era inverosímil, más aún cuando en la radio sonaban sin problema bandas chilenas como Criminal, Dorso, Dogma y Rama, solo por nombrar algunos. Aquí debo agradecer al extinto Canal 2, Radio Futuro y Radio Rock and Pop por dar constantes espacios para conocer nuevas bandas durante los últimos años del siglo pasado y principios de este.
El siglo pasado fue hace más de 25 años. En retrospectiva, es bastante.
Si bien los espacios ya estaban y el Metal no era algo ajeno al diario vivir, aún se respiraba ese aire de que lo taquillero /popero/mainstream era algo a criticar. Cradle of Filth: Poser chillón amanerado; White Zombie: Poser pasado a película. Sepultura: posers saltarines ya no son lo mismo. ¡Es que no les gustaba nada! Y ustedes dirán: ¿dónde es que estaba eso que no lo vieron? Si visitaron alguna vez los foros de Discordancia de la primera década del 2000, entenderán. Esas personas aún están entre nosotros, publican sus historias en algún foro sobreviviente o en redes sociales, influyendo a muchos, diciendo que Cliff Burton fue lo mejor que le había pasado a Metallica y que luego se vendieron y que bandas como System of a Down no deberían haber existido nunca. Esos que juntan la plata para ir al TerrorFest a escuchar los clásicos de Celtic Frost, que ese era Metal de verdad, pero sin ver a los teloneros, desmereciendo el trabajo de todos los descendientes influenciados por su música.
¿Todos esos trulys malulis qué tendrán que decir de la Miss Chile? Ya que a nivel musical no pueden decir mucho de Decessus, algo se les ocurrirá. Realmente no les cabe en la cabeza que una modelo sea cantante metalera y mucho menos que esta haya cantado en un certamen de belleza y no solo eso, que ahora sea Miss Chile.
Esta era la segunda oportunidad que Ignacia Fernández participaba en un certamen de este tipo y la segunda en la que mostraba esa dualidad aparente de metalera y modelo, siendo algo exótico en la prensa tradicional y reflejo de un estereotipo caricaturesco de que por participar en un certamen como el Miss Chile no podría cantar a base de guturales. Es probable que no hubiera causado tanto revuelo si hubiera sido cantante de Jazz o una soprano. Pero una metalera, a pesar de los nuevos tiempos, no calza.
Chile es el país más metalero del continente, posicionándose firmemente en el puesto 13 a nivel mundial, lo que da a entender que es muy probable que haya metaleros en todos los ámbitos del quehacer nacional. No es ningún secreto que el mismo presidente de la república lo sea, por lo que no es de extrañarse que una Miss Chile también. Pero claro, una cosa es ser metalero, que entra solo en un gusto personal, y otra es presentarse en televisión abierta tocando un tema de su propia banda a gutural en boca. Acá es donde, para los metaleros más viejos, incluyéndome, aparecen los fantasmas de Necrosis en Sábados Gigantes y nacen las aprehensiones por posibles burlas ante algo que está fuera de contexto; se esperaban los tambores de guerra, mismos que nunca llegaron.
Los tiempos han cambiado. Las nuevas generaciones no crecieron con la historia de los difuntos Necrosis, crecieron viendo tele o pegados en el computador y el celular; no les es necesario juntarse con amigos a escuchar el cassette o el vinilo que se compraron con la mesada. Ahora es cosa de un par de clics para escuchar las últimas novedades. Por lo que no es de extrañar que Ignacia lejos de ser criticada en el certamen, aunque el público asistente aplaudió más por deber que por entender la presentación, en redes sociales el recibimiento fue explosivo. Cientos de influencers, no solo rockeros y metaleros, de YouTube, TikTok e Instagram hablaban de la princesa o la reina del Metal en Chile, alguien que rompió esquemas en un lugar donde no se esperaba que algo así llegara a pasar. Pero no solo eso, muchos medios reconocidos también hablaron de Ignacia Fernández.
Si hace un año me hubieran preguntado qué aparecería en Internet como destacado, diría que seguro se hablaría de la muerte de un integrante de alguna banda reconocida, el lanzamiento de alguno de los mejores discos de la década (porque todos los años alguien dice eso y nunca es el mismo disco), algún anuncio de gira o la parrilla de algún festival, pero no que se hablaría de la Miss Chile. Porque es de entender que no esperarías que Metal Hammer publicara "Una vocalista de metal que se hizo viral por interpretar una pista de Death Metal durante Miss Mundo Chile ha ganado la competencia." o que Geezer Butler, uno de los fundadores de Black Sabbath, elogiara su presentación, o que los mismísimos Incantation publicaran "¡El Death Metal invade el escenario de Miss Mundo!" Francamente, todo es bastante surreal.
Al final, esta chica que cantó algo de su banda Death Metal se volvió Miss Chile y, a la fecha, no he leído algún comentario sobre lo poser que es salir en un concurso de belleza; no he leído que la banda no vale la pena o que no irán a verlos en su próxima presentación. Al parecer, los Trulys están en sus bunkers bajo tierra escuchando vinilos de True Metal, esperando que esta ola de masividad amaine para aparecer, porque en redes sociales no he leído notorias críticas.




